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De la primera congregación religiosa de México a la primera diócesis del país

15 de Junio de 2017

El día de hoy uno de nuestros hermanos, el padre Julio César Salcedo Aquino, mj, fue nombrado Obispo de la Diócesis de Tlaxcala. Curiosamente él partirá de la primera congregación religiosa fundada en México a la primera diócesis erigida también en México.

Si bien la actual diócesis de Tlaxcala fue apenas erigida en 1959 por el Papa Juan XXIII, su origen se remonta varios siglos atrás.

Poco tiempo después del desembarque de los europeos en las que para ellos eran “nuevas” tierras – entre 1518 y 1519, pues no hay acuerdo entre los historiadores – el Papa León X erigió, a petición del emperador Carlos V, la que sería la primera diócesis de la Nueva España y que supuestamente se ubicaría en la “Isla de Yucatán”. Pero por múltiples razones el llamado Obispado “Carolense” nunca pudo concretarse en la práctica.

Años más tarde, fray Julián Garcés, que había sido provisto como obispo de esa diócesis, así como el mismo Carlos V, solicitaron al nuevo pontífice Clemente VII mudara el Obispado, a lo que el Papa accedió por medio de la bula Devotionis tuae probata sinceritas del 13 de octubre de 1525. Dicho documento dejaba al emperador la delimitación del territorio de la diócesis. Así, mediante su real cédula expedida en Granada el 19 de septiembre de 1526, Carlos V estableció que el nuevo Obispado se extendiera por Tlaxcala, Veracruz, Tabasco y parte de Chiapas. La sede fue fijada en Tlaxcala hasta el año de 1539 cuando se trasladó a la ciudad de Puebla.

Por otro lado, los Misioneros Josefinos somos la primer congregación religiosa nacida en México, al ser fundados el 19 de septiembre de 1872: antes de esa fecha sólo había en el país congregaciones religiosas que provenían de otras naciones.

El padre José María Vilaseca, a partir de la situación deplorable por la que atravesaba la Iglesia en México, y favorecido por su formación, ideal y actividad misionera, quiso responder a las exigencias de su tiempo con el establecimiento progresivo de las obras josefinas. Una de estas obras fue el Colegio Clerical del Señor San José que nació con la intención de formar sacerdotes para la Diócesis de México. Esta fue la cuna de la Congregación de los Misioneros de san José.

Para algunos puede ser mera coincidencia y para otros será la Providencia, lo cierto es que ahora nuestro hermano está llamado compartir el carisma josefino desde el servicio a una comunidad llena de historia y esperanza.

Nuestro Buen Dios lo siga acompañando en esta misión.

¡Adelante, siempre adelante, pues lo quiere san José!



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